miércoles, 4 de abril de 2007

Curiosidades y precisiones sobre el carbunco y el ántrax

Ahora que tan de moda está esta enfermedad (o mejor dicho, estas dos enfermedades), quizá haya lectores interesados en conocer algunas peculiaridades y características de este mal que parece amedrentar a la población de los Estados Unidos.
Como casi siempre en Medicina, el conocimiento empírico precede al científico. Por eso, hace ya más de dos mil años, antiguos médicos del Imperio romano observaron que una grave enfermedad, que frecuentemente padecían los animales herbívoros, podía ocasionalmente transmitirse al hombre y que dicho mal solía cursar con la aparición de una pequeña (a veces no tan pequeña) escara o costra negra, que salía en una zona de la piel habitualmente desprovista de vestido (cara, cuello, manos) y que -en casos- conducía a la muerte en pocos días (alrededor de una o dos semanas).
Muchos años después, ya con el desarrollo de la Cirugía en los siglos XVIII y XIX, se supo que una costra negruzca similar también puede aparecer en pacientes que nada tienen que ver con los herbívoros y en zonas de la piel que –por la causa que sea- padecen infección aguda del tejido celular subcutáneo (fundamentalmente, la grasa que tenemos debajo de la piel), muchas veces a causa de la confluencia de varios forúnculos (diviesos) próximos, con frecuencia en la espalda o la nuca y casi siempre en pacientes diabéticos o debilitados.
Hace poco más de cien años, con el desarrollo del microscopio y de la Microbiología, se supo que la placa negra que padecen y transmiten los herbívoros está producida por un bacilo en forma de caña de bambú, que se denominó “Bacillus antracis”. A la enfermedad, por el parecido de la escara negra con el carbón, se la conocía con el nombre de “carbunco” o “carbunclo” (que viene a ser carbón pequeño, carboncillo) y también como “pústula maligna” y “grano malo”. Cuando la padecen los animales se la llama “bacera”, “mal negro” y “mal de bazo” por producir una fuerte inflamación de esta víscera abdominal.
También se supo que la otra placa negra, la que se forma por la confluencia de varios forúnculos, se debía casi siempre a otro microbio distinto, el estafilococo dorado, y a esta enfermedad se la llamó ántrax (del griego ántrax = carbón, vocablo que daba asimismo origen al apellido del microbio del carbunco -”Bacillus antracis”- y también al de la variedad de carbón llamada antracita, de donde resulta que palabras con significado tan dispar como ántrax y antracita tengan próximo parentesco etimológico).
Por consiguiente, en España, en puridad, llamamos “carbunco” a la enfermedad infecto-contagiosa que también padecen los herbívoros, que está causada por el “ Bacillus antracis” y que -en especiales condiciones- podría tal vez producir epidemias.
Por otra parte, llamamos ántrax a una placa negra cutánea producida por el estafilococo dorado en zonas de forúnculos y que no causa epidemias.
Los síntomas cutáneos se parecen (placa negra), pero los gérmenes causales, la evolución y el comportamiento clínico son distintos. Para denominar a la placa negra de uno de estos males se echó mano del castellano castizo y se la llamó carbunco (carboncillo), en tanto que para la del otro se recurrió al griego y se la llamó ántrax.
Nuestro ántrax es un proceso local y localizado, que suele aparecer en la nuca, la espalda o la nalga y que en algunos lugares se llama “avispero”, pues con frecuencia existen alrededor de la placa negra varias úlceras pequeñas, secundarias a forúnculos que supuran como cráteres diminutos, lo que se ha comparado a un nido de avispas.
En la literatura médica inglesa distinguen menos que nosotros, y con frecuencia mezclan los conceptos, y llaman “anthrax” también a la enfermedad infecto-contagiosa que nosotros llamamos carbunco (“charbon” en Francia, “anthrax” en Inglaterra y “milzbrand” en Alemania).
En España también hay autores que utilizan los términos como sinónimos, y así se ha creado una cierta confusión. De lo que no hay duda es de que la enfermedad que está tristemente de moda es la causada por el “Bacillus antracis”, que es la infecto-contagiosa y que nos pueden transmitir los herbívoros (antropozoonosis). Hoy día, y debido a la influencia yanqui, estamos perdiendo la sana distinción entre ambos procesos, y no son pocos los que en España llaman ántrax al carbunco.
Quizá debido al posible contagio humano del carbunco a partir de los herbívoros, ya desde la antigüedad se relacionó este mal con las ovejas y con las pieles y lanas de los animales muertos. Esta relación se plasmó en el lenguaje, de ahí los nombres de “enfermedad de los cardadores de lana” y “enfermedad de los traperos” con que se la conoce en Castilla y Extremadura.
En nuestra lengua bable el mal tiene varios nombres como “cabrúncano”, “fronchu”, “negazu” y “malucu”, si bien los dos últimos se aplican indistintamente a los forúnculos y a otras infecciones localizadas de la piel.
El carbunco existe en casi todo el planeta, aunque predomina en países de sanidad poco desarrollada e higiene precaria y también en los muy ganaderos. En casi todos ha disminuido en los últimos años. Hace varias décadas, en Rusia perecieron en un año setenta y dos mil cabezas de ganado, entre caballos, vacas y ovejas; y en Francia los ganaderos sabían de ciertas áreas infectadas que llamaban “champs maudits” (campos malditos) por la frecuencia del contagio y muerte de sus ovejas tras pastar en esos lugares. En países ganaderos y curtidores de pieles, como Rusia, Hungría, Turquía, Persia e India, no era raro el carbunco, por lo que los médicos conocedores de este hecho miraban con desconfianza las pieles procedentes de esos países, que ocasionalmente transmitieron el mal, ya que la espora del “Bacillus antracis” es capaz de resistir meses, incluso en condiciones muy adversas.
En España la enfermedad fue relativamente frecuente en La Mancha y en Extremadura, donde afectaba a profesionales que tenían relación con los herbívoros, como pastores, matarifes, agricultores y ganaderos, cardadores, peleteros, tejedores, traperos, curtidores, veterinarios, fabricantes de cepillos y brochas e, incluso, zapateros, que manipulan cueros y pieles de animales.
En Asturias también hubo en la antigüedad casos de carbunco, mal que se creía causado por el depósito de larvas de mosca en las heridas, según indica Junceda Avello. Hoy día es afección muy rara y cura por lo general con el tratamiento adecuado.
Otra curiosidad del carbunco es que su germen productor, el “Bacillus antracis”, fue el primero estudiado bacteriológicamente en relación a las enfermedades infecciosas, y ya en 1849 Pollender observó la presencia del bacilo en la sangre de los sujetos fallecidos por la pústula maligna. Después, Dovaine, en 1850, independientemente del anterior, también lo descubrió en los animales muertos por mal negro, pero nadie hizo el menor caso cuando aseguró que los filamentos microscópicos en forma de caña de bambú eran los causantes del mal. Llamó “bacteridia” al germen que más tarde rebautizarían como “Bacillus antracis”. Este germen tiene esporas muy resistentes, que pueden penetrar por las pequeñas heridas o rasguños de la piel, donde desarrollan el bacilo y la enfermedad. Estas pequeñas heridas pueden producirse durante el afeitado, y si las brochas están fabricadas con el pelo de animal que contiene esporas, la transmisión es muy probable. De ahí que la desinfección de las brochas de afeitar sea obligatoria en muchos países.
Las picaduras de mosquitos contaminados, y particularmente las de la llamada “mosca de los establos” (que es grande y dotada de una poderosa trompa capaz de perforar la piel humana) puede ser otra vía de contagio de la “forma cutánea” de la enfermedad, con mucho la más frecuente y la menos grave.
La inhalación de aire fuertemente contaminado con esporas puede ocasionar la “forma pulmonar”, mucho más grave y afortunadamente rara, y la ingestión de carnes carbuncosas y no muy cocidas puede -según algunos- dar origen a la “forma intestinal”, igualmente grave y rara.
En el hombre, el carbunco tiene una especial y afortunada querencia por la piel, en tanto que en los animales la tiene por el bazo (bacera), lo que confiere gravedad. Por ello, antes de los antibióticos, el carbunco humano curaba con frecuencia, en tanto que la bacera o mal negro de los herbívoros era casi siempre mortal.
También el tratamiento tiene sus curiosidades y la confusión de nombres acarreó ciertos equívocos en la terapéutica. El ántrax, nuestro ántrax, es decir, el producido por el estafilococo dorado, el que origina una necrosis de la piel localizada y no epidémica, se trataba antes de la era antibiótica con procedimientos quirúrgicos, como era la extirpación de la escara negra y la cauterización de la zona con hierro o aceite. Este tratamiento parece que resultaba eficaz en no pocos casos, por lo que algunos pensaron en aplicarlo a la pústula maligna, es decir, a la escara del carbunco. Como quiera que esta última es una enfermedad infecciosa generalizada, con bacilos en la sangre y en gran parte del organismo, el tratamiento no era aquí eficaz, por lo que los médicos no lo recomendaron y los cirujanos se abstenían de practicarlo.
Pero muchas gentes del pueblo llano, fuera por conocimiento de casos de ántrax genuino curados con la operación, fuera por mera intuición o por el deseo de hacer algo, exigían del cirujano la actuación rápida y la extirpación y cauterización de la pústula en los casos del carbunco, lo que producía situaciones muy incómodas, pues si la negativa a operar era seguida de la muerte del enfermo o de graves secuelas (estas últimas muy frecuentes), la indignación del paciente y familiares era segura.
En Asturias el tratamiento era la cauterización de la pústula, aunque no faltaban métodos menos agresivos, como dice Rico-Avello: “En ántrax y forunculosis rebeldes hácense cruces sobre una taza de agua con un anillo de metal, al tiempo que se pronuncian fórmulas y jaculatorias religiosas. Después dejan transcurrir tres días y se lavan las lesiones con el "agua cruceada".Todos estos problemas se solventaron con el descubrimiento de los antibióticos, que casi siempre logran la curación sin secuelas de ambas enfermedades, carbunco y ántrax.

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